Özil guía a un Real Madrid que aun no convence

El enorme talento del alemán, autor de dos tantos, sacó de un apuro al Madrid, al que Manucho hizo pagar con dos goles sus errores a balón parado. También marcó Benzema.

La genialidad de Özil es incontrolable y una bendición para el Real Madrid. El talento siempre es necesario, pero mucho más en épocas de crisis. A ese talento de Özil se agarró el Madrid para salir indemne en su visita al Valladolid. Un partido que el propio Madrid se había complicado por su incompetencia para defender las acciones a balón parado. De esa forma tan simple fue capaz el Valladolid de poner contra las cuerdas a su rival.

Necesitó el Madrid dos detalles de calidad de Özil, un futbolista siempre imprescindible, pero que se vuelve indispensable cuando el equipo camina cuesta arriba, para voltear el resultado. Un jugadón suyo acabó en el gol del empate poco antes de llegar al descanso, en una acción que marcó el desarrollo posterior del partido, y un magnífico lanzamiento de falta con esa zurda suya que es un guante significó el 2-3 definitivo. Pero hasta llegar ahí, el Madrid navegó entre la tormenta con serio riesgo de acabar a la deriva.

El Madrid es un equipo construido para afrontar grandes retos, pero ni siquiera se puede decir que esté a medio hacer cuando lo que toca es defender acciones de estrategia. Son errores tan incomprensibles como parece que irremediables. Estuvo cerca de arruinar su partido en Valladolid, y quién sabe si mucho más, por esa falta de contundencia cuando debió defender a balón parado. Quizá sea un problema de concentración o de predisposición, o de las dos cosas. Lo cierto es que es un mal enquistado que Mourinho no acierta a solucionar. Aprovechó Manucho esa alfombra roja que pone el Madrid a sus rivales en las acciones de estrategia para marcar dos goles a placer y dejar al rival en una situación muy comprometida.

El partido comenzó a dibujarse con el balón en los pies del Valladolid y el Madrid creando las ocasiones más claras, una tendencia que no tardó en invertirse. Sucedió cuando Manucho celebró su primer gol. Apenas se habían consumido ocho minutos y el angoleño remató solo en el área pequeña a la salida de un córner.

A esta generosidad del Madrid respondió con otra el Valladolid. Callejón aprovechó un error de Balenziaga en el pase y el resbalón de Valiente para regalar un pase de gol a Benzema.

En este intercambio de regalos surgió Manucho para celebrar su segundo gol. Ebert sacó un córner y el delantero angoleño marcó de cabeza. Falló Ramos, que marcó por detrás a Manucho y sólo pudo ver cómo éste remataba a placer. Tampoco estuvo acertado Casillas, que no fue a buscar un balón que bien podría haber sido suyo.

A partir de ahí el Madrid se quedó con el balón, pero sin mostrar ninguna profundidad ante un Valladolid ordenado y bien plantado, que controló la situación hasta que surgió Özil, que reunió su talento con el de Benzema antes del descanso para firmar una jugada espectacular a la que puso el colofón del gol.

El encuentro se convirtió en un duelo ingobernable tras pasar por los vestuarios. Allí se quedó el canterano Nacho, que cumplió como lateral izquierdo titular y fue reemplazado por Di María. Callejón, que había ocupado el puesto del argentino en el once, se situó como lateral izquierdo, con Di María en el centro del campo por la derecha, Özil por la izquierda y Cristiano de enganche por detrás de Benzema.

No convencieron estos cambios a Mourinho, que dio un nuevo giro al equipo poco después. Retiró a Arbeloa, el otro lateral, para dar entrada a Modric. Pasó Ramos a la banda derecha y dejó su sitio en el centro de la zaga a Xabi Alonso, sorprendente pareja de Pepe, con Khedira y Modric delante de ellos.

Cuanto más descontrolado parecía el partido, más cómodo parecía el Madrid y más inseguro el Valladolid, que se libró del empate por un error del árbitro, Pérez Montero. Señaló un fuera de juego que no era de Ramos, quien terminó batiendo a Dani, pero bien es cierto que el colegiado ya había pitado.

Con los dos equipos sin saber muy bien qué dirección tomar surgió el enorme talento de Özil para decidir un partido sin rumbo. Y sin apenas tiempo para digerir el gol, Varane sustituyó a Benzema, en un nuevo giro táctico de Mourinho. El francés se situó como lateral derecho, recuperó Ramos su sitio en el centro de la defensa y Xabi Alonso volvió al centro del campo, con Cristiano como jugador más adelantado.

Así terminó de consumirse un encuentro cuyo desenlace sólo se entiende por la presencia de Özil en el campo.

Anuncios

Por fin reapareció el Campeón, Real Madrid 5-1 Athletic Bilbao

El Madrid sobrevive a los ya habituales incendios semanales que se monta solo en casa con actuaciones muy profesionales en el césped. El domingo pasado se pegó un homenaje de casta bajo la tormenta en Valencia. Y a este mustio Athletic, con una depresión de caballo, le pegó un manotazo y siguió en la carrera silenciosa. El Madrid quiere. Es el campeón y, aunque el Barça está a una distancia considerable, se ha propuesto llevarlo con constancia. Lo está consiguiendo. Será una persecución discreta hasta que el primer descuido del Barcelona provoque el ruido. Al menos, eso es lo que sueña el Madrid. Su victoria ante el Athletic, con Benzema cinco estrellasModric y Xabi al mando (tal vez la actuación más convincente del croata desde que llegó al Madrid) y Ramos imperial, fue de una facilidad extrema.

Es evidente que el Athletic, un fantasmase dejó la estrella en Bucarest. En las dos finales de mayo le abandonaron las musas, el físico y los jugadores. Y la idea. Perdido Javi Martínez camino de Múnich, poco utilizado Llorente, definitivamente no hay quien reponga a un Athletic entregado, muy poca cosa en los grandes estadios: ha perdido en sus últimas dieciséis visitas al Camp Nou y el Bernabéu (ocho y ocho, respectivamente). Al Madrid no le hizo falta ni oler la sangre. Estaba advertido. Salió a por los disminuidos leones que, al primer soplido, con el gol de Aurtenetxe en propia puerta después de un excelente pase de Modric y un control de escuela de Benzema, se derrumbaron lastimosamente. El Athletic no está para estos desafíos.

A la media hora no había pleito. Letal a balón parado,Ramos hizo el 2-0 de cabeza. El fino Özil le puso una pelota limpia, impecable pierna izquierda. Benzemamarcó el tercero en una maniobra de delantero grande, con un talento especial. Una media vuelta que tuvo un poco de pivote de fútbol sala, pongamos Fernandao, y otro poco de gesto taurino. Un ejercicio de ingenio. No había Athletic, no había partido. Resulta incomprensible ver cómo se ha desvanecido la idea de Bielsa, una de las apariciones más celebradas en la Liga en los últimos tiempos. A día de hoy, el Athletic no le tiene fe a nada. Viéndolo, está para compadecerse de él. Parece incurable. Ibai, antes del descanso, le puso maquillaje. Pero era difícil pensar que el 3-1 tendría algún tipo de incidencia en el partido.

La herida pudo ser más leve si Teixeira Vitienes (II) hubiese visto una mano de Coentrao en el área nada más empezar la segunda parte. Pero hubiese sido una anécdota. Al minuto, Özil la convirtió en anécdota a hizo el cuarto después de una asistencia de Benzema, sublime. El francés se hubiese jugado dos partidos seguidos, estaba con ganas. Luego marcó Khedira, que así dio brillo a su reaparición. Se fue entre ovaciones Benzema después de un partido grande y el Bernabéu coreó el nombre de Morata (casi marca) para agradecerle los servicios prestados en el Ciutat de Valencia. Para trocear al Athletic, al Madrid, como a esta crónica, no le resultó necesario ni recurrir a Cristiano.